La alimentación infantil debe ser variada, respetuosa, libre de presiones, y la rebeldía resuelta mediante estrategias conductuales American Academy of Pediatrics
La AAP señala que tras el segundo año de vida el crecimiento físico se ralentiza, lo que se traduce en una disminución natural del apetito. Esto es considerado un patrón fisiológico normal en pediatría.
A esto se suma el muy frecuente rechazo o miedo en niños preescolares a probar alimentos nuevos (neofobia alimentaria) o la de abandonar alimentos conocidos.
¿Cómo manejarse?
Hay consenso entre varias instituciones de prestigio en evitar la alimentación forzada, eliminar distractores durante las comidas y respetar las señales de hambre y saciedad, promoviendo siempre una relación saludable con la comida.
No hay que obligar a los niños, ni ofrecer ultraprocesados como sustituto; la clave es la exposición repetida del alimento en un ambiente distendido.
“La exposición repetida y el modelado parental (los padres comen los mismos alimentos que promueven) son estrategias efectivas para fomentar la aceptación de nuevos alimentos en la infancia” concluye un reporte de la revista Pediatrics del año 2026
Preguntas frecuentes
Es normal: la American Academy of Pediatrics explica que tras el segundo año el crecimiento físico se desacelera, lo que reduce el apetito. No es un signo de enfermedad, sino un patrón fisiológico esperado.
La Sociedad Argentina de Pediatría señala que la neofobia es el rechazo o miedo a probar alimentos nuevos, frecuente entre los 2 y 6 años. Forma parte del desarrollo de la autonomía infantil y puede afectar a un porcentaje elevado de niños.
Las guías recomiendan:
Evitar la alimentación forzada.
Suprimir distractores tecnológicos en la mesa.
Ofrecer variedad de sabores y texturas desde temprano.
Respetar las señales de hambre y saciedad del niño.